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¿Viajar sola a Matucana?

Aún sigue siendo raro que una mujer viaje sola. ¿Vas a ir sola? Mejor que te acompañe alguien, suelen decir. La razón más frecuente es que el algo malo puede pasar. Lo cierto es que las cosas malas pasan hasta en la puerta de la casa. ¿Por qué esperar a que alguien más esté disponible para poder viajar? ¿Por qué no ir sola?

A diferencia de los hombres, las mujeres que viajan solas están sujetas a experimentar los viajes de otra manera. Una mujer que viaja sola es más proclive a recibir más atención y hospitalidad por parte de las personas que encuentran en la ruta. Qué ventaja, ¿no? Al ver a una viajera solitaria muchas personas, sobretodo otras mujeres, están más propensas a ayudarla, tal vez en forma de solidaridad con un miembro del mismo sexo. Esto me pasó en Matucana.

Viajé a Matucana sola y confieso que tuve miedo. Desde pasar una noche en un hotel hasta salir de excursión sin algún acompañante. Sin embargo, Matucana resultó ser uno de los lugares más seguros que he visitado. La vigilancia está garantizada. En casi todas las esquinas y sobretodo en la Plaza Principal hay serenos. El día que fui a hacer mi recorrido por el centro del pueblo anduve con la cámara en el cuello y nada malo pasó. No me sentí asediada, ni tuve alguna sospecha de que alguien quisiera robarme. Me hospedé en el Hotel Secretos (Jr. Lima N°361) donde la señora Alejandrina amablemente me recibió y me facilitó un cuarto con vista al paisaje. Incluso me ofreció usar la ducha después de haber terminado mi recorrido hacia la catarata y pasada la duración del alquiler de la habitación.

Conocí a mujeres y hombres que me orientaron en mi visita, me contaron acerca del clima, de la afluencia de visitantes y un poco sobre sus vidas. Me acerqué al Centro de Información turística, pero era muy temprano y no encontré a nadie. Sin embargo, un sereno me brindó números de teléfono en caso de cualquier emergencia.

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Estuve algo preocupada por el camino de subida a la Catarata de Antankallo, puesto que en Diciembre empieza la temporada de lluvias en la sierra, y resulta que me pongo algo nerviosa con los caminos resbalosos. Estuve preguntando todo el tiempo acerca de la dificultad del camino: si era demasiado empinado, muy estrecho o muy fangoso. Algunos me decían que suba con cuidado, despacio y por el extremo opuesto al borde. Otros me aconsejaban que espere a un grupo y que suba con un bastón de apoyo. Y alguien por ahí me dijo que no suba. Mientras pensaba en lo que me habían dicho sin darme cuenta ya estaba subiendo.  A ver hasta dónde llego, me dije a mi misma.

En mi recorrido por la plaza, mientras comía un pan, una perrita muy parecida a la que tengo en casa, se me acercó y me siguió a todos lados hasta que se acabó el pan y no se fue. Me guío hacia la catarata y luego encontré más perros en la ruta. A falta de guías estaban ellos. El camino resultó ser amigable y el sol salió por ratos, de modo que la tierra estaba seca. En la llegada me cobraron 2 soles por la entrada. No fuimos muchos los visitantes ese día. Había un grupo de adolescentes que ya estaban de regreso, y de pronto noté que me había quedado sola y recordé la frase de la película Into The Wild: Happines is only real when shared (La felicidad solo es real cuando se comparte).

I wish you were here, pensé mientras exploraba el lugar, luego me di cuenta que junto a mi había un perro que me acompañaba y pacientemente me esperó mientras sacaba fotos. Empecé a hablarle y a jugar con él. Al subir noté que un señor que miraba a lo  lejos, me acerqué y le pregunté distinta cosas sobre el lugar, sobre la temporada y sobre las Lagunas Gemelas. Me despedí y bajé junto al perro guía, a quien seguía hablándole como el Náufrago lo hacía con Wilson. Comimos, nos sentamos a contemplar la vista, perseguimos pájaros, bebimos un poco de agua, y al final cuando casi llegamos al fin del recorrido, cual tigre en La Vida de Pi, se fue con otros visitantes sin voltear a despedirse.

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Al bajar agradecí a todas las personas que me orientaron, les conté un poco sobre mí y ellos hicieron lo mismo. De pronto, me di cuenta que en este viaje nunca estuve sola, que de algún modo siempre estuve acompañada. Desde que tomé el carro hacía Matucana en donde conocí a una chica, hasta que esperé el carro que me llevaría a Chosica junto a una señora mientras nos corríamos de la lluvia que empezaba con fuerza. La red se tejió y ahora me impulsa a buscar nuevas experiencias en otros lugares.

Más fotos aquí

Lee el  Lado B de esta experiencia en mi blog de viajes

Autor: Maricruz Gutiérrez

Escribo, investigo, saco fotos y viajo (no necesariamente en ese orden :P). Me pueden leer en mi blog de viajes "En el trayecto" (rramuzci.wordpress.com) También estoy en instagram: mrcrzgtrrz

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